¿Qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas pueden ser victimizadxs? ¿Se hace uso del derecho penal para satisfacer las demandas populares de «justicia» haciendo creer que ya hubo una intervención del problema?

Pedir cadena perpetua, en cualquier parte del mundo es un absurdo absoluto, sin embargo, pedirlo en un país como Colombia, que tiene todas sus cárceles rebasadas en 50% de su capacidad, lo es todavía más.

Si en realidad el objetivo común es proteger a la niñez, debemos concentrar nuestra energía en lograrlo de otras formas, porque lo que la evidencia muestra es que no existe ninguna correlación entre penas más altas y disuasión de la comisión de la conducta, y, frente a la ausencia de datos, hacer este tipo de propuestas es un desgaste innecesario.

Ya a estas alturas deberíamos saber que cualquier reforma de ley debe estar respaldada y justificada con datos. Deberíamos de estar buscando la forma de garantizar que el congreso trabaje por prevenir el delito.

Tomemos como ejemplo el caso de Estados Unidos de América, en donde diez, de los veinte estados que tienen más agresores de menores judicializados, tienen cadena perpetua. Esto solamente deja en evidencia que esta pena no es persuasiva.

Pensemos también que en Colombia solamente el 5% de los casos de homicidio, violencia y acceso carnal a menores, llega a ser judicializado, entonces de qué sirve realmente aumentar la pena y encerrar por más tiempo a ese 5% cuando con el 95% no está pasando nada. Y con que no pasa nada nos referimos a que no estamos poniendo atención en lo que debemos poner atención, no estamos atacando la raíz del problema que es el patriarcado tan arraigado que nos pone en peligro todo el tiempo.

Tampoco hay datos que hablen de que las personas procesadas por estos delitos, una vez que salen reinciden. En realidad las cifras que hay lo que dicen es que una persona que abusa de alguien una vez, lo hace dos o tres o más veces, a la misma víctima o a otra, es decir, es gente que nunca es capturada y son violadores constantes. De sus hijxs, conocidxs o quien sea que puedan someter y la causa de esto es la misma.

¿Qué es lo importante?

Lo importante entonces es comprender si la intervención del derecho penal es pertinente, para esa problemática, castigando a quien logre agarrar o si en lugar de esto concentramos las fuerzas en políticas públicas que generen procesos de transformación profunda de la conducta machista.

Tenemos datos clarisimos del tipo de masculinidad y sexualidad que se ejerce en nuestra cultura y no estamos atacando eso como el problema.

Forcemonos a recurrir cada vez más a recursos no penales para hacer frente a temas tales como la educación sexual, los efectos de la pornografía y la prostitución y la manera en la cual se relaciona la masculinidad con estas lógicas absolutamente violentas contra las mujeres, las niñas, los niños.

El problema penal en Colombia no lo vamos a solucionar con la política populista punitiva que tenemos ahora y mucho menos aumentando las penas, cuando en realidad el problema es de eficacia de la justicia y no de severidad de las sanciones.

Incluso deberíamos de pensar en bajar todas las penas y reducir el numero de delitos que son perseguidos y castigados con cárcel ya que esto, lo único que genera es aumentar el hacinamiento que, ademas de vulnerar todos los derechos humanos de la población interna, entorpece o imposibilidad el cumplimiento del fin primero de las penas en Colombia que es la resocialización.

Con respecto a esto, cabe mencionar que la iniciativa tiene ya una contradicción en si misma, ya que los argumentos del sector que la apoya son que quienes cometen este tipo de delitos deben de ser sacados de la circulación porque no hay forma de que se “reformen”, son puestos como enfermos “incurables” y si ese fuera el caso, estaríamos hablando entonces de sujetos no imputables, es decir, de entrada no deberían de estar en la cárcel.

Debemos preguntarnos cual es el objetivo real de las penas y por qué cada día nos volvemos más punitivistas, a pesar de que, evidentemente, las cárceles no están resolviendo ninguno de los problemas que pretenden resolver, por el contrario, están generando nuevas y más complejas dinámicas sociales.

Claudia Cuellar- Psicóloga Social
Lider Humaniza Corporación Epígrafe